Limitaciones a las compras de dólares: juicio y castigo a la fuga de capitales.

 

La experiencia del año pasado puede haber sido determinante para que la leyenda de la AFIP (“el cuit presentaría insuficiente capacidad económica para realizar la operación cambiaria ingresada”), castigue al proceso de dolarización de carteras privadas. Concretamente, en el segundo trimestre de 2011, los exportadores de cereales, aceites y oleaginosas prácticamente duplicaron el nivel de liquidaciones de divisas de los tres meses anteriores (enero-marzo). Sin embargo, el Banco Central no pudo apropiarse de un sólo dólar de ese incremento (ver gráfico superior). ¿Por qué? Porque el ahora “sector privado en pena”, lisa y llanamente, se los apropió.

Haciendo números, en el 2º trimestre de 2011 los exportadores nucleados en CIARA-CEC aportaron U$S 70 millones adicionales por día a los U$S 74 millones diarios del primer trimestre. En buen romance pasaron de liquidar U$S 4.500 millones en el primer trimestre del año a U$S 8.800 millones entre abril y junio. Pero tal como señaláramos, de ese “plus” de U$S 4.300 millones (la diferencia estacional que generó la liquidación de gran parte de la cosecha gruesa), el Banco Central “no vió absolutamente nada”. Sus compras de divisas pasaron de U$S 3.143 millones entre enero y marzo a U$S 2.409 millones en el segundo trimestre. En otras palabras, las divisas de “la” cosecha se “privatizaron”.

¿Fue ese mal recuerdo que resultó determinante para que la semana pasada se cerraran drásticamente las puertas de acceso al mercado cambiario legal para gran parte de la población? Seguramente, sí. Todo indica que, sin la intensidad de 2011, el fenómeno observado el año pasado tendíó a reproducirse en el ejercicio actual. Analizando las cifras, la estacionalidad de las divisas agrícolas está proveyendo U$S 60 millones diarios adicionales durante el trimestre en curso (ver gráfico inferior). Sin embargo, el BCRA pudo comprar sólo el 50% de las mayores liquidaciones efectuadas a partir de abril. Puede estimarse que entre ese mes y los primeros días de mayo, los privados acentuaron sus compras de divisas (lo hicieron a un ritmo de alrededor de U$S 600 millones mensuales superior al registrado en promedio durante el primer trimestre). Y en buen romance, esto significa menores compras para el BCRA.

Concretamente, esta vez el BCRA quiere quedarse “con todo” y a este ritmo hubiera resignado alrededor de U$S 1.800 millones en tan sólo tres meses de continuar la dolarización de portafolios con el dinamismo registrado hasta promediar la semana pasada. De esta forma, procura evitar “el mal trago” de 2011 (cuando el mercado se llevó el “plus” de divisas agrícolas del 2º trimestre), pero tampoco se conforma con este fifty-fifty de abril y los primeros días de mayo. Las estadísticas de las próximas semanas revelarán si logró su cometido pero, además de procurar comprar divisas para asegurarse el pago de los compromisos de este año, claramente esto significa un castigo al aumento de la constitución de activos externos del sector privado (en criollo, a “la fuga de capitales”). Ni más, ni menos. Veamos si “el grifo” se abre nuevamente en las primeras horas del primer día de junio. 

 

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